Tras su éxito en Italia, llega a España la bambina con su filosofía astral, sus vestidos, su pequeña galería de mitos, sus armas...  No habla como una abuela sino como una chica de treinta y tantos. Le vuelven loca el móvil, Internet y para su cumpleaños pide un lifting. Es la reina de la réplica, del pensamiento sottovoce y del nihilismo y lee a Kant cuando tiene insomnio. La Bambina tiene un peluche, Lillo, que es su confesor y vive con un cerdito, que es un ideal de virtud y de orden, va a Ikea, limpia, cocina, practica yoga, canta Madonna en la ducha y va a bailes de salón.