Para amar no hay que «morir de amor», sufrir, desvanecerse, perder el norte, ser uno con el otro o alterar la identidad: eso es intoxicacioón afectiva. Morir de amor no es un designio inevitable, una determinación biológica, social o cósmica: puedes establecer tus reglas y negarte a sufrir inútilmente. Ésa es la consigna. Y el psicólogo Walter Riso nos da las herramientas.